jueves, 17 de septiembre de 2009
No eliges el amor
Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse.

(Julio Cortázar - Rayuela - Fragmento del capítulo 93)
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martes, 28 de abril de 2009
Idea Vilariño (1920 - 2009)
Caminaba por 9 de julio y Córdoba cuando escuché la noticia y se me empañaron los ojos. A los 89 años de edad, producto de una complicación de la última intervención quirúrgica que le realizaron, murió Idea Vilariño. Poeta, sí; apasionada escritora, pero ante todo una mujer que me ayudó a darle a la poesía una nueva oportunidad cuando ya me había asqueado (tempranamente y por experiencias que poco tenían que ver con la literatura).
Se fue la eterna enamorada de Onetti, en un año en el que celebramos cien años del natalicio de ese amado del que nunca se rindió.
Le debo la limpieza de mi alma en un momento de veneno, la certeza de que todo continúa aunque todo se acaba. Le debo una parte de mi vida. Por eso lloré por Idea mientras Betty Elizalde leía Carta I, y mientras alguien evocaba esa frase con la que la definió Eduardo Galeano: "La escritura de Idea Vilariño es como un árbol crecido al revés: con las raíces al aire."

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Carta I

Cómo ando por la casa
Diciéndote querido
Con fervorosa voz
Con desesperación
De que pobre palabra
No alcance a acariciarte
A sacrificar algo
A dar por ti la vida
Querido
A convocarte
A hacer algo por esto
Por este amor inválido.
Y eso es todo
Querido.

Digo querido y veo
Tus ojos todavía
pegados a mis ojos
Como atados de amor
Mirándonos, mirándonos
Mirándome tus ojos
Tu cara toda

Y era de vida o muerte
Estar así
Mirarnos.

Y cierro las ventanas
diciéndote
Querido
Querido y no me importa
Que estés en otra casa
Y que ya no te acuerdes.

Yo me estoy detenida
En tu mirar aquél
En tu mirada aquélla
En nuestro amor mirándonos
Y voy enajenada por la casa
Apagando las luces
Guardando los vestidos
Pensando en ti
Mirándote
Sin dejarte caer
Anhelándote
Amándote
Diciéndote
querido.

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Ya no

Ya no será,
ya no.

No viviremos juntos,
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa,
no te tendré de noche
no te besaré al irme,
nunca sabrás quien fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste,
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos,
esperarnos,
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
Ya no serás para mí
más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives,
con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca
como esa noche,
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.


posted by Cassandra Cross @ 16:57   3 comments
jueves, 1 de enero de 2009
J.D. Salinger (1919 - and so on...)

(Extraído de EFE)

Jerome David Salinger, uno de los escritores más influyentes de Estados Unidos, cumple 90 años este jueves 1 de enero sumido en la reclusión que eligió desde el comienzo de su carrera, y sin publicar un trabajo desde hace cuatro décadas.

"Me gusta escribir. Amo escribir", dijo Salinger en 1974 en una de sus raras entrevistas con The New York Times. "Pero escribo sólo para mí mismo, y para mi placer".

Este desdén por la publicidad y la empecinada defensa de su vida privada, tan alejada del culto a la exhibición y la fama de la cultura actual, han rodeado a Salinger de un "misterio" que los medios han retratado en artículos ocasionales.

Salinger tenía ya 32 años de edad cuando debutó en 1951 con "The Catcher in the Rye" (El guardián entre el centeno), una historia de un adolescente rebelde y sus experiencias quijotescas en Nueva York, que encumbró al escritor a lo más alto de la escena literaria.

Su descripción de la alienación del protagonista, Holden Caufield, y la pérdida de inocencia de los adolescentes y su paso a la vida adulta, ha probado su perdurabilidad: aun ahora se venden cada año unos 250 mil ejemplares.

La primera edición de la novela, que fue controvertida por la libertad con la que describía la sexualidad y la rebeldía adolescente, puede encontrarse en eBay a precios que superan los 1.300 dólares.

Salinger no ha publicado otro trabajo literario con su firma desde la novela "Hapworth 16, 1924", que apareció en The New Yorker en junio de 1965. Y no ha concedido entrevistas desde 1980.

El autor, hijo de un judío próspero importador de quesos kosher y de una escocesa-irlandesa convertida al judaísmo, creció en un apartamento de Park Avenue, en Manhattan, estudió durante tres años en la Academia Militar de Valley Forge y en 1939, poco antes de que lo enviara el Ejército a la guerra, tomó una clase sobre cuentos cortos en la Universidad de Columbia.

Como soldado de infantería, Salinger participó en el desembarco aliado en Normandía en 1944 y durante sus primeros meses en Europa se las arregló para escribir cuentos.

De sus mayores, Salinger consideraba a Ernest Hemingway, a quien conoció en París, y a John Steinbeck como escritores de segunda categoría, pero expresó su admiración por Herman Melville.

En 1945, Salinger se casó con una médico francesa de nombre Sylvia, de la cual se divorció. En 1955 se casó con Claire Douglas, unión que concluyó también en divorcio en 1967, cuando se acentuó la reclusión del escritor en su mundo privado y su interés en el budismo zen.

Las primeras historias cortas de Salinger se publicaron en revistas como Story, Saturday Evening Post, Esquire y New Yorker en la década de 1940, y la primera novela "The Catcher in the Rye" se convirtió de inmediato en la selección del Club del Libro del Mes y le atrajo enorme elogio internacional.

La fama envió a Salinger a la evasión de la atención pública, su renuencia a las entrevistas y su rechazo del escrutinio de su vida privada que se han mantenido hasta ahora.

En 1953 publicó una colección de cuentos cortos "Nine Stories"; en 1961 otra novela, "Franny and Zooey", y en 1963 una colección de novelas cortas "Raise High the Roof Bean, Carpenters and Seymour: An introduction".

Durante la década de 1980, el escritor estuvo envuelto en una prolongada batalla legal con el escritor Ian Hamilton quien, para la publicación de una biografía, usó abundante material epistolar de Salinger.

Una década después, la atención mediática que tanto rehuía volvió a posarse en el autor, debido a la publicación de dos libros de memorias escritas por dos personas allegadas a él: su ex amante Joyce Maynard y su hija Margaret Salinger.

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-Ver más vidrio (*) -dijo Sybil Carpenter, que estaba alojada en el hotel con su mamá-. ¿Viste más vidrio?
-Gatita, por favor, no sigas repitiendo eso. La vas a enloquecer a mamita. Quédate quieta, por favor.
La señora Carpenter untaba la espalda de Sybil con bronceador, repartiéndolo sobre sus omóplatos, delicados como alas. Sybil estaba precariamente sentada en una enorme y tensa pelota de playa, mirando el océano. Usaba un traje de baño de color amarillo canario, de dos piezas, una de las cuales no necesitaría realmente por nueve o diez años más.
-En verdad no era más que un pañuelo de seda común... una podía darse cuenta cuando se acercaba a mirarlo -dijo la mujer sentada en la reposera contigua a la de la señora Carpenter-. Ojalá supiera cómo lo anudó. Era una preciosura.
-Por lo que usted me dice, parece precioso -asintió la señora Carpenter.
-Quédate quieta, Sybil, gatita...
-¿Viste más vidrio? -dijo Sybil.
La señora Carpenter suspiró.
-Muy bien -dijo. Tapó el frasco de bronceador-. Ahora vete a jugar, gatita. Mamita va a ir al hotel a tomar un copetín con la señora Hubbel. Te traeré la aceituna.
Cuando quedó en libertad, Sybil corrió de inmediato hacia la parte asentada de la playa y echó a andar hacia el Pabellón de los Pescadores. Se detuvo únicamente para hundir un pie en un castillo inundado y derruido, y enseguida dejó atrás la zona reservada a los clientes del hotel.
Caminó cerca de medio kilómetro y de pronto echó a correr oblicuamente, alejándose del agua hacia las arenas flojas. Se detuvo al llegar al sitio en que un hombre joven estaba echado de espaldas.
-¿Vas a ir al agua, ver más vidrio? -dijo.


(*) Se refiere a Seymour Glass (pronunciado simor glas) y confunde el sonido con la expresión see more glass (ver más vidrio).

J.D. Salinger , "Un día perfecto para el pez banana"

(Leer completo)
posted by Cassandra Cross @ 0:58   0 comments
domingo, 16 de noviembre de 2008
Domingo
Siempre pensando en llenarte con palabras que valgan la pena, al final me quedo pensando que es mejor callar y no hacer nada.

Que el vacío se llene de música y las musas vengan solas.

No voy a preocuparme por lo que no se otorga.
Seguiré enfocada en lo importante. Y, quizás algún día, pueda describirme en dos palabras.
posted by Cassandra Cross @ 3:33   1 comments
lunes, 23 de junio de 2008
Por esos ojos tuyos
Hace frío. Estoy encerrada y de a ratos siento que esta pecera va a ahogarme, de tanto cuidarme.
La música de fondo crea un trance que me saca de este mundo y me permite sobreponerme un poco a tanto pensamiento acumulado. Trabajo como una posesa, la atención puesta en distintos lugares, como si en lugar de estar convaleciendo estuviera llenando huecos de tiempo perdido con tarea anticipada.

Y sin embargo desde hace días tengo esa imagen atravesada en la cabeza, como un telón de fondo que no puede levantarse, que apenas queda en segundo plano por un rato y a la menor vacilación regresa.
Tus ojos tristes, princesa. Tus suspiros al aire y las ojeras que pueden ser enfermedad y también melancolía. Sobre todo, ese silencio hermético y ausente.

Mi princesa está triste.
Qué tendrá mi princesa.

Juro que daría una parte de mi cuerpo para entender si alguna de las malas semillas está explotando en tu corazón en este momento, si te está llegando el tiempo de sufrir y esta vez no es "por nada", como antes, cuando simplemente llorabas porque extrañabas a mamá. Un llanto de esos que se pasan con el fuerte abrazo del reencuentro.
Y ahora no estoy tan segura de que aquel llanto de domingo detrás de los sillones del living no haya sido ese brote de melancolía eclosionando en tu espíritu un poco volátil, un poco fuera de este mundo. Aquella vez fue la primera vez que no supiste (ni supimos) responder. Llorar porque el llanto apreta el pecho y nada más, a menos de un año de haber aprendido a caminar, a hablar. ¿Cómo se entiende?

Muero de ganas de abrazarte porque sí y entrar sin que te des cuenta en lo profundo de tu cabecita llena de esas cosas que nunca te escuché decir y que traducías antes en juegos de piyamas por la mañana, cuando te quedabas a dormir.
¿Qué ves? ¿Qué ven tus ojos, angelito, en esas primeras fotos donde dejaste de ser única?

Ojalá supiera, ojalá entendiera por qué mi princesa está triste. Esa tristeza me alcanza y me abraza, envolviéndome, asfixiándome, pese a la distancia física que nos separa. Por qué me golpeás cuando estamos juntas, aunque parezca que me abraces.
Por qué, princesa. Si yo quiero ayudarte. ¿Qué nos falta? ¿Qué te falta?

Yo metida en esta tarde agrisada hasta los tuétanos y vos en el barullo de un aula a treinta cuadras, y tal vez olvidando eso que te hace triste hasta llegar a casa. Y volviendo a empezar en el momento menos pensado.

Hagamos un trato. Ahora voy a dejar en suspenso este pensamiento y la próxima vez que nos veamos no te voy a hacer la pregunta directamente. Voy a hacer la prueba de abrazarte, y si pedís más (si dejás que te lleve a caballito a todos lados, como antes... como siempre) sabré que las nubes están pasando.

Aún así, podés hablar conmigo, mi princesa. Ya no sos esa bebé que yo adoraba. Sos mi niña, una niña preciosa, introvertida y buena.

No quería que sufrieras y ya lo ves, acá estamos. Tu mano en la mía, las dos frente a la primer baldosa de tu propio camino. Te miro el alma inescrutable con mis ojos de alma vieja que espero nunca tengas.

Listo, princesa, he cerrado la puerta; el frío queda afuera, no más lágrimas. Vayamos a jugar.



posted by Cassandra Cross @ 10:39   0 comments
jueves, 6 de marzo de 2008
No molestar
Sí, estoy muda y ciega y sorda a todo

Sí, aprendí a mirar un poco más de cerca a la rutina y a perderle el miedo

Sí, tengo todo lo que necesito para ser feliz, gracias por preguntar

Aún si no me molestara, respondería lo mismo:

Que estoy cansada de que pregunten todo el tiempo si estoy bien
las mismas personas que no se molestaron en preguntármelo cuando sabían que estaba mal

Que estoy convencida de que ese interés en mi felicidad
les surge ahora que no forman parte de este futuro en que me veo feliz.

Lamento ser hiriente,
pero ya no molesten.
posted by Cassandra Cross @ 9:37   2 comments
sábado, 10 de noviembre de 2007
Norman Mailer (1923-2007)
"Desde el momento en que un periódico se ocupa de algo, los hechos se pierden para siempre; incluso para los protagonistas"

"Hay una ley de vida, cruel y exacta, que afirma que uno debe crecer. Caso contrario, pagará más por seguir siendo el mismo"

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Si hay algo de lo que estoy convencida, es que todos venimos al mundo con una misión, un objetivo a cumplir, que va más allá de nosotros mismos y los sueños u objetivos personales que tengamos.
Muchos van detrás de su propio Norte. Otros, más atentos, saben combinar el compromiso entre sus sueños y su imperativo vital. Creo que Mailer entra en este segundo grupo. Un hombre que fue capaz de trascender, en su tiempo/espacio, denunciando las miserias y peligros del sistema capitalista con el arma más mortal de que disponía: la palabra, la palabra justa, la palabra amada e incesantemente buscada. A mi entender, digno representante del "primo vivere, dopo parlare" que rigió a los primeros (tal vez mal llamados) vitalistas de la nueva literatura, aquella que en las inmediaciones y postrimetrías del siglo XX parió los géneros que más me marcaron: narrativa dura, precisa y afilada.

posted by Cassandra Cross @ 6:26   1 comments
Quién soy
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Nombre:
Lugar: Argentina

Escritora, lectora, cocinera, cantante y bailarina vocacional. Mercenaria a medio tiempo. Amante de la Naturaleza, porteña provisoria y, sobre todo, simple.

Había una vez...
Cuadernos
Dicen los que saben:
"Sólo la pereza me impide ser escritora" S. Sontag.
Recomendado de la semana:

"El núcleo del disturbio", de Samanta Schweblin. O cómo contar bien una historia particular.

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